Abinader prioriza acuerdo arancelario con Estados Unidos para proteger competitividad dominicana

El presidente Luis Abinader informó este miércoles 26 de agosto que el Gobierno dominicano mantiene como una de sus prioridades económicas alcanzar un acuerdo de tarifas recíprocas con Estados Unidos en el menor tiempo posible. El mandatario explicó que las conversaciones buscan colocar a República Dominicana en condiciones competitivas frente a otros países que también están negociando con Washington, en momentos en que los cambios en la política comercial estadounidense están modificando el escenario para exportadores, zonas francas y empresas que dependen del mercado norteamericano. Las gestiones diplomáticas están siendo encabezadas por el ministro de Relaciones Exteriores, Víctor “Ito” Bisonó.

La preocupación dominicana está relacionada con los nuevos aranceles aplicados por Estados Unidos a productos provenientes de decenas de países. República Dominicana figura entre las naciones alcanzadas por ese nuevo esquema comercial y, de acuerdo con informaciones divulgadas por EFE, enfrenta gravámenes que oscilan entre un 10 % y un 12.5 % en determinadas categorías. Para una economía que mantiene a Estados Unidos como uno de sus principales destinos de exportación, cualquier diferencia arancelaria frente a competidores de Centroamérica, México, Asia o el Caribe puede influir en las decisiones de las compañías sobre dónde producir, ampliar operaciones o trasladar inversiones.

Abinader sostuvo que el país debe aspirar a obtener las mejores condiciones posibles dentro de la nueva relación comercial. Su argumento es que República Dominicana ha mantenido estabilidad en las reglas ofrecidas a los inversionistas y, en particular, en el régimen de zonas francas. El presidente garantizó que los incentivos que han contribuido durante años al desarrollo de ese sector continuarán vigentes. Esa señal resulta especialmente importante para empresas internacionales que utilizan el territorio dominicano como plataforma de manufactura y exportación hacia Estados Unidos y otros mercados.

El planteamiento fue realizado durante el Segundo Foro Internacional de Inversión y Nearshoring de República Dominicana, un encuentro que reunió autoridades, representantes empresariales e inversionistas. El concepto de nearshoring ha ganado importancia porque muchas compañías buscan acercar sus cadenas de producción al mercado estadounidense para disminuir riesgos logísticos y geopolíticos. República Dominicana intenta aprovechar esa transformación mediante su proximidad geográfica, tratados comerciales, zonas francas e infraestructura portuaria, pero el éxito de esa estrategia depende también de que las condiciones arancelarias no coloquen sus productos en desventaja frente a otras economías.

Durante su intervención, Abinader vinculó además la competitividad con otros factores que no dependen exclusivamente de los aranceles. Mencionó la formación de trabajadores especializados, la reducción de los tiempos para obtener permisos, las mejoras de infraestructura y la necesidad de atraer empresas de mayor valor agregado. Entre las áreas que el Gobierno desea fortalecer se encuentran manufactura avanzada, dispositivos médicos, tecnología y actividades relacionadas con semiconductores. La apuesta oficial es que República Dominicana no compita únicamente mediante costos laborales, sino también con talento técnico, estabilidad, rapidez administrativa y acceso eficiente a mercados internacionales.

El resultado final dependerá ahora de las negociaciones con Washington. Hasta este 26 de agosto no se ha anunciado un acuerdo definitivo, una tarifa especial ni una fecha concreta para concluir las conversaciones. Lo confirmado es que el Ejecutivo dominicano considera el asunto una prioridad y pretende evitar que los nuevos gravámenes reduzcan la competitividad de las exportaciones nacionales. Para zonas francas y sectores industriales, el desenlace tendrá consecuencias directas: una reducción de la brecha arancelaria podría fortalecer la posición dominicana para atraer inversiones, mientras que una diferencia prolongada respecto de otros países competidores podría ejercer presión sobre costos, contratos y futuras decisiones empresariales.

Saúl Moya

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