
Las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá fracasaron a última hora, dejando en vigor los nuevos aranceles del 50 % impuestos por Washington sobre unos US$20,000 millones en productos canadienses. La medida eleva la tensión entre dos socios históricos y abre un nuevo capítulo de incertidumbre para empresas, trabajadores y consumidores de ambos lados de la frontera.
El Gobierno estadounidense responsabilizó a Canadá por no cerrar el acuerdo en los términos que, según Washington, habían sido pactados previamente. Sin embargo, Ottawa sostuvo que Estados Unidos introdujo cambios de último momento que hacían inviable aceptar el convenio. La ruptura se produjo después de varios días de conversaciones y luego de que el plazo para aplicar los aranceles fuera aplazado brevemente.
Los gravámenes afectan productos como palos de hockey, materiales de construcción, bebidas alcohólicas, ropa y otros bienes canadienses. Aunque no alcanzan la totalidad del comercio bilateral, sí golpean sectores con fuerte presencia productiva y simbólica para Canadá. La decisión también genera preocupación por su posible efecto sobre cadenas de suministro integradas en América del Norte.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, advirtió que su país responderá con medidas equivalentes para proteger a trabajadores y empresas. Esa respuesta podría ampliar el conflicto comercial y afectar la relación económica entre dos países que durante décadas han mantenido una de las conexiones comerciales más importantes del mundo.
La disputa también revive dudas sobre el futuro del acuerdo comercial regional que une a Estados Unidos, Canadá y México. Cuando dos socios clave entran en una guerra arancelaria, las empresas pierden previsibilidad, se encarecen insumos y pueden retrasarse decisiones de inversión. En un contexto global ya marcado por tensiones económicas, el impacto podría sentirse más allá de Norteamérica.
Por ahora, no hay señales claras de una negociación inmediata que permita revertir la medida. El conflicto deja a Canadá preparando represalias y a Estados Unidos defendiendo una política comercial más agresiva, mientras los mercados observan con cautela el efecto que tendrá este nuevo choque entre aliados.