
Un petrolero que transporta cerca de un millón de barriles de crudo ruso lleva más de dos meses liberando petróleo frente a las costas de Omán, generando una mancha que amenaza una de las áreas marinas de mayor importancia ecológica de la región. El buque Caroline Bezengi se encuentra próximo a las islas Hallaniyat, declaradas reserva natural.
Las autoridades omaníes estiman que la mancha contaminante cubre aproximadamente 390 kilómetros cuadrados, mientras Greenpeace calcula que el área afectada podría acercarse a 600 kilómetros cuadrados. La diferencia refleja la dificultad de medir un derrame que cambia de tamaño y forma según corrientes, viento y condiciones marítimas.
El área resulta especialmente sensible porque alberga una población extremadamente reducida de ballenas jorobadas del mar Arábigo. Se estima que quedan alrededor de 80 ejemplares en ese grupo aislado, considerado uno de los más amenazados del mundo debido a su pequeño tamaño y limitada reproducción.
El derrame también amenaza tortugas, peces, aves marinas, arrecifes y comunidades costeras que dependen de la pesca. El petróleo puede afectar los ecosistemas durante años, especialmente cuando alcanza playas, manglares o zonas donde las especies se reproducen y alimentan.
La situación del buque se desarrolla dentro de un contexto regional extraordinariamente complejo, marcado por la guerra, ataques marítimos y dificultades para movilizar con normalidad equipos especializados. Estas condiciones pueden retrasar reparaciones, operaciones de contención y traslado seguro del cargamento restante.
Organizaciones ambientales están reclamando una respuesta internacional urgente para impedir que continúe la fuga y comenzar trabajos de recuperación. El desafío principal es controlar completamente el origen del derrame antes de concentrar esfuerzos únicamente en recoger el petróleo que ya se encuentra disperso sobre el mar.
El caso muestra cómo la crisis energética y militar de Medio Oriente está produciendo también consecuencias ambientales. Incluso si la guerra termina, derrames de esta magnitud pueden dejar daños persistentes sobre ecosistemas y comunidades, convirtiendo la emergencia de Omán en un problema que podría extenderse mucho más allá del conflicto actual.