
La tragedia registrada esta semana entre Nepal y el Tíbet no habría comenzado simplemente con una lluvia intensa ni con el desbordamiento convencional de un río. Los primeros análisis científicos, acompañados por imágenes satelitales de alta resolución, muestran una secuencia mucho más compleja: una enorme masa de roca situada debajo y alrededor de un glaciar se desprendió en la región montañosa próxima al pico Langtang Lirung, en Nepal. Ese colapso movilizó simultáneamente hielo, rocas y otros materiales montaña abajo, generando una avalancha extremadamente rápida que terminó golpeando el sistema fluvial de la zona.
La clave para entender la magnitud de lo sucedido está en lo que ocurrió después del desprendimiento inicial. Investigadores vinculados al Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas, conocido como ICIMOD, consideran que una avalancha de hielo y roca cayó sobre el río Lhende, un afluente del Bhote Koshi. La enorme cantidad de escombros pudo bloquear temporalmente el cauce, funcionando como una especie de presa natural improvisada. El agua comenzó a acumularse detrás de ese obstáculo hasta que la presión terminó liberándola violentamente hacia las zonas inferiores. Esa combinación de agua, barro, grandes rocas, sedimentos y fragmentos de hielo explica por qué la corriente adquirió una fuerza destructiva mucho mayor que la de una inundación ordinaria.
Los datos recopilados después del desastre muestran hasta qué punto el fenómeno ocurrió con rapidez. En determinados lugares, el nivel del sistema fluvial habría aumentado hasta unos nueve metros en aproximadamente treinta minutos. Una variación de esa magnitud deja muy poco margen para evacuar comunidades situadas río abajo, especialmente en una región de montañas abruptas donde carreteras y comunicaciones son limitadas. La corriente siguió el cauce natural de los ríos, pero al incorporar toneladas de materiales sólidos se convirtió en un enorme flujo de escombros capaz de arrancar viviendas, carreteras, puentes e instalaciones hidroeléctricas mientras avanzaba por los valles.
Las imágenes satelitales tomadas antes y después del episodio han permitido identificar con mayor claridad el punto donde se produjo el colapso y observar posteriormente enormes extensiones cubiertas por sedimentos. En algunas áreas los propios cauces cambiaron de aspecto y aumentaron considerablemente su anchura. Los especialistas destacan que una parte importante del fenómeno consistió en una auténtica reacción en cadena: primero perdió estabilidad la montaña, después descendieron roca y hielo, el material alcanzó el sistema fluvial, el agua quedó represada temporalmente y posteriormente se produjo una descarga repentina que adquirió todavía más volumen a medida que arrastraba materiales del valle.
Una de las grandes preguntas es por qué una estructura montañosa de esas dimensiones perdió estabilidad. Los científicos todavía no atribuyen el episodio a una única causa definitiva y advierten que será necesario estudiar el área durante más tiempo. Entre las hipótesis investigadas se encuentra actividad sísmica local que pudo contribuir al desprendimiento inicial. Sin embargo, los expertos también están estudiando el efecto de temperaturas elevadas sobre el hielo y el terreno congelado de alta montaña. El calentamiento puede acelerar el derretimiento de nieve y hielo, favorecer la penetración de agua entre las fracturas de las rocas y degradar el permafrost, que actúa en algunos sectores como una especie de cemento natural que mantiene unidos materiales de las laderas. Cuando ese terreno permanentemente congelado comienza a descongelarse, las paredes montañosas pueden volverse progresivamente menos estables.
Por eso, la investigación sobre Nepal y Tíbet está trascendiendo la explicación de un solo desastre. Científicos especializados en el Himalaya advierten que el calentamiento global está transformando rápidamente una de las mayores reservas de hielo fuera de las regiones polares. Nepal ya habría perdido cerca de una tercera parte de su hielo glaciar durante las últimas tres décadas y el aumento de las temperaturas está elevando el riesgo de avalanchas de roca y hielo, desprendimientos y crecidas repentinas. Los expertos son cuidadosos al señalar que todavía no puede afirmarse que el cambio climático haya sido la causa única y directa del evento del 26 de agosto; lo que sí consideran cada vez más claro es que un Himalaya más cálido crea condiciones capaces de aumentar la inestabilidad de las montañas y multiplicar este tipo de amenazas.
Este viernes surgió además una segunda preocupación que demuestra que el fenómeno todavía no ha terminado completamente. Los materiales desplazados por el desastre formaron un nuevo lago represado cerca de la frontera Nepal-China, y durante el 28 de agosto las autoridades informaron que el agua comenzó a romper o superar parte de esa barrera natural. Las operaciones de rescate llegaron incluso a ser suspendidas temporalmente y habitantes de zonas expuestas fueron enviados hacia terrenos elevados ante el temor de una segunda inundación. Es precisamente esta sucesión de peligros —colapso glaciar, avalancha, represamiento de ríos y posibles rupturas posteriores— la que los expertos denominan un riesgo en cascada, uno de los escenarios que más preocupa actualmente en las regiones montañosas del Himalaya.