Presunto pago de RD$50,000 por asesinato de dirigente comunitario apunta a posible sicariato

Las investigaciones por la muerte del dirigente comunitario y político José Frank Valerio han tomado un giro más grave, luego de que las autoridades manejaran de manera preliminar la hipótesis de que el crimen habría sido ejecutado por encargo. De acuerdo con los reportes conocidos hasta el momento, por el asesinato del dirigente se habría pagado la suma de RD$50,000, una información que coloca el caso bajo la lupa por su posible vínculo con el sicariato.

Valerio, de 52 años, fue atacado a tiros el viernes 14 de agosto mientras se encontraba sentado en una parada de motoconchos en Hato Nuevo, Los Alcarrizos. Su muerte causó consternación en la comunidad, donde era conocido por su labor social y política. El hecho no solo golpeó a sus familiares y allegados, sino que también encendió las alarmas sobre los niveles de violencia que afectan a dirigentes barriales y comunitarios.

La Policía Nacional informó que tres personas han sido detenidas por su presunta vinculación con el crimen. Los apresados fueron identificados como Saulo Keli Núñez, alias Pelota; Wander Javier Piña del Pozo; y Eddy Manuel Arias Recio, conocido como Tata o Capullo. Al mismo tiempo, las autoridades mantienen la búsqueda de otros señalados que permanecen prófugos, según los datos divulgados en el avance de la investigación.

Uno de los puntos más delicados del caso es la posible aplicación del nuevo marco penal sobre sicariato, ya que el asesinato de Valerio podría convertirse en uno de los primeros expedientes en ser tratado bajo esa figura dentro del nuevo Código Penal. Esto aumenta el interés jurídico del caso, pues permitiría observar cómo las autoridades sustentan una acusación de esa naturaleza y qué tipo de pruebas presentan para demostrar que se trató de un crimen pagado.

La muerte del dirigente también deja al descubierto una preocupación más amplia: la facilidad con la que disputas personales, territoriales o políticas pueden terminar convertidas en hechos violentos. Cuando una figura comunitaria es asesinada en un espacio público, el mensaje de intimidación alcanza a toda la comunidad, especialmente en zonas donde los liderazgos locales cumplen un papel importante en la mediación social.

Las autoridades deberán establecer quién ordenó el crimen, quién lo ejecutó y cuál fue el motivo real detrás del ataque. Mientras tanto, la comunidad espera respuestas claras y un proceso que no se limite a capturar a los presuntos autores materiales, sino que llegue hasta cualquier persona que haya financiado o planificado la muerte de José Frank Valerio.

Saúl Moya

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