Masacre en Haití: ataque de pandillas deja al menos 47 muertos en Kenscoff

Haití volvió a vivir una jornada de extrema violencia después de que hombres armados atacaran Kenscoff, una zona montañosa situada sobre Puerto Príncipe que durante años había sido considerada relativamente más segura que otros puntos de la capital. El ataque comenzó durante la noche del domingo 23 de agosto y sus consecuencias se hicieron visibles durante la madrugada y la mañana del lunes 24. Naciones Unidas elevó posteriormente el balance a al menos 47 personas muertas y 22 heridas, al tiempo que advirtió que las cifras podían seguir cambiando debido a las dificultades para acceder a determinadas áreas y verificar todas las víctimas.

Los atacantes irrumpieron en sectores residenciales y agrícolas de Kenscoff, incendiaron propiedades y asesinaron a habitantes mientras numerosas familias intentaban escapar. El alcalde Jean Massillon señaló inicialmente que era imposible establecer un balance definitivo debido a problemas de comunicación y acceso. Associated Press documentó escenas de residentes encontrando cuerpos de familiares y vecinos durante la mañana del lunes. Uno de los habitantes entrevistados afirmó haber perdido a 14 familiares, mientras otras personas permanecían desaparecidas. Las primeras estimaciones hablaron de alrededor de 30 fallecidos; con el avance de las verificaciones, Naciones Unidas situó posteriormente la cifra en 47.

Autoridades locales atribuyeron el ataque a integrantes de Viv Ansanm, la poderosa coalición de pandillas que ha ampliado su influencia sobre Puerto Príncipe y zonas cercanas. Kenscoff tiene importancia estratégica porque se encuentra en las montañas que dominan rutas de acceso hacia la capital. La comunidad ya había sufrido repetidas incursiones desde 2025, con denuncias de asesinatos, secuestros, incendios y otros abusos. Reuters señala que los ataques sucesivos han obligado a miles de personas a abandonar sus hogares, demostrando que la expansión de las bandas ya no se limita a los barrios donde tradicionalmente concentraban su poder.

La matanza provocó además fuertes cuestionamientos contra las autoridades haitianas. Residentes expresaron indignación porque la violencia ocurrió pese a anteriores promesas de aumentar la seguridad en la zona y algunos reclamaron cambios en la dirección policial. El Gobierno aseguró que enviaría refuerzos y que se perseguiría a los responsables. Sin embargo, el episodio vuelve a mostrar la enorme distancia existente entre los anuncios oficiales y la capacidad real del Estado haitiano para proteger territorios donde grupos armados pueden organizar incursiones, matar, incendiar viviendas y retirarse antes de que las fuerzas de seguridad consigan neutralizarlos.

El ataque ocurre en un momento especialmente delicado para Haití. Las pandillas mantienen un amplio control de Puerto Príncipe y han extendido operaciones hacia zonas periféricas y rurales. Associated Press sitúa en aproximadamente 1.5 millones el número de personas desplazadas por la violencia en el país y señala que más de 3,100 personas habían muerto entre enero y junio de 2026, de acuerdo con estadísticas de Naciones Unidas. Esa realidad plantea interrogantes adicionales sobre la capacidad del Estado para organizar elecciones generales previstas para diciembre, después de más de una década sin comicios nacionales de esa naturaleza.

Para República Dominicana, la evolución de esta crisis tiene una importancia directa por compartir frontera con Haití. Cada expansión territorial de las pandillas, ola de desplazamientos o debilitamiento adicional de las instituciones haitianas aumenta la presión sobre seguridad fronteriza, migración y cooperación internacional. La masacre de Kenscoff demuestra que la emergencia ya no puede interpretarse únicamente como una disputa entre bandas dentro de determinados barrios de Puerto Príncipe. Comunidades que anteriormente funcionaban como refugio están siendo alcanzadas por la violencia. Con 47 muertes confirmadas por la ONU y decenas de personas heridas o desaparecidas, el ataque constituye uno de los episodios más graves registrados recientemente en las cercanías de la capital haitiana.

Saúl Moya

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