
República Dominicana y Haití reactivaron el diálogo político de alto nivel con una reunión celebrada el jueves 3 de septiembre en Dajabón, en momentos en que la crisis de seguridad haitiana continúa representando uno de los principales desafíos de la región del Caribe. El ministro dominicano de Relaciones Exteriores, Víctor “Ito” Bisonó, y su homóloga haitiana, Raina Forbin, encabezaron las delegaciones durante el encuentro realizado en las instalaciones del Parque Industrial CODEVI. La reunión permitió retomar de manera directa asuntos que durante los últimos años han generado tensiones y preocupaciones entre los dos países que comparten la isla de La Española, especialmente la seguridad fronteriza, la migración, el comercio y la situación provocada por las organizaciones criminales que dominan amplias zonas de Haití.
Uno de los puntos centrales fue la necesidad de aumentar el respaldo internacional a la fuerza encargada de combatir a las pandillas haitianas. Ambos gobiernos coincidieron en continuar las gestiones diplomáticas dirigidas a conseguir el despliegue completo de la Fuerza de Supresión de Pandillas y promover la renovación de su mandato internacional, que enfrenta una nueva revisión a finales de septiembre. Para República Dominicana, fortalecer esa misión tiene un interés estratégico inmediato: cuanto mayor sea la capacidad de las autoridades haitianas y del contingente internacional para recuperar territorio y reducir la expansión de las bandas, menores serían las presiones sobre la frontera dominicana y los riesgos derivados de un deterioro aún mayor del Estado vecino.
Las conversaciones no se limitaron a la crisis de seguridad. Los cancilleres abordaron también el combate contra las economías ilícitas que operan alrededor de la frontera, los flujos migratorios, la cooperación jurídica, la formalización del comercio, el aumento de la inversión y las posibilidades de ampliar la conectividad aérea entre ambos países. La posición expresada por las delegaciones es que los problemas fronterizos no pueden resolverse únicamente mediante operaciones militares o controles migratorios, sino que necesitan instituciones capaces de vigilar los intercambios comerciales, combatir el contrabando y generar vías legales de actividad económica. El objetivo declarado es crear mecanismos permanentes de coordinación sin que ninguno de los dos Estados renuncie a sus propias políticas migratorias o de seguridad.
Otro tema sensible fue la situación de los servicios consulares dominicanos en Haití. República Dominicana manifestó su disposición a recuperar gradualmente las operaciones consulares cuando existan condiciones mínimas de seguridad para garantizar la integridad del personal diplomático y de los ciudadanos que utilizan esos servicios. El cierre y las limitaciones sufridas por las oficinas consulares durante los períodos más violentos de la crisis haitiana han complicado trámites migratorios, comerciales y administrativos. Una eventual normalización dependerá, sin embargo, de que la situación en Puerto Príncipe y otras áreas donde operaban representaciones dominicanas permita trabajar sin exponer a funcionarios y usuarios a secuestros, ataques o desplazamientos provocados por grupos armados.
El encuentro también refleja un cambio importante en el tono bilateral. República Dominicana ha mantenido durante los últimos años una política de reforzamiento fronterizo y control migratorio, mientras reclama que la comunidad internacional asuma una responsabilidad mayor frente a la crisis de Haití. La reunión de Dajabón no significa que hayan desaparecido las diferencias entre ambos gobiernos, pero sí restablece un canal de comunicación política necesario para manejar cuestiones que ninguno de los dos países puede resolver completamente por separado. Seguridad, comercio, migración, transporte y lucha contra estructuras criminales son problemas que inevitablemente atraviesan los casi 400 kilómetros de frontera terrestre entre ambas naciones.
El verdadero resultado de este acercamiento dependerá de lo que ocurra después de las declaraciones diplomáticas. Para República Dominicana será fundamental conseguir que la comunidad internacional aporte personal, financiación y recursos suficientes para fortalecer la operación antipandillas y apoyar la recuperación institucional de Haití. Para las autoridades haitianas, el reto consiste en recuperar territorios controlados por grupos armados y reconstruir capacidades básicas del Estado. El diálogo celebrado en Dajabón abre nuevamente un espacio de cooperación directa, pero la magnitud de la crisis exige resultados concretos. Mientras las pandillas continúen condicionando la seguridad y la actividad económica haitianas, cualquier avance en la relación entre ambos países estará inevitablemente ligado a la estabilización del territorio vecino.