Rebelión militar sacude Níger: soldados atacan la Presidencia y disputan el control del aeropuerto de Niamey

Níger vivió este sábado 29 de agosto una de sus jornadas de mayor tensión política y militar desde el golpe de Estado de 2023, después de que un grupo de soldados amotinados atacara instalaciones estratégicas en Niamey, incluyendo sectores vinculados al palacio presidencial y al aeropuerto internacional de la capital. Durante varias horas se escucharon fuertes intercambios de disparos y explosiones en diferentes puntos de la ciudad, mientras unidades leales al gobierno militar intentaban recuperar las posiciones ocupadas. La gravedad de la situación aumentó cuando las transmisiones de la radio y la televisión estatales fueron interrumpidas temporalmente, generando incertidumbre sobre el alcance real del levantamiento y sobre quién mantenía el control de las principales instituciones del Estado.

Con el paso de las horas comenzaron a conocerse detalles que mostraban que no se trataba simplemente de un incidente protagonizado por unos pocos militares. Las fuerzas leales al gobierno consiguieron recuperar el control del área presidencial y de buena parte de Niamey, pero la situación en el aeropuerto permaneció mucho más complicada. Fuentes de seguridad citadas por Reuters señalaron que los soldados amotinados continuaban manteniendo posiciones en esas instalaciones durante la tarde, mientras las autoridades intentaban restablecer completamente el control. Al caer la noche todavía existía incertidumbre sobre el desenlace definitivo de la confrontación, convirtiendo al aeropuerto en uno de los puntos estratégicos más importantes de la crisis.

El levantamiento representa además una amenaza directa para el gobierno del general Abdourahamane Tiani, quien dirige Níger desde el derrocamiento del presidente Mohamed Bazoum en julio de 2023. Tiani llegó al poder precisamente mediante una intervención militar y justificó entonces el cambio de gobierno, entre otros argumentos, por el deterioro de la seguridad nacional frente a los grupos armados que operan en el Sahel. Tres años después, una rebelión surgida dentro de las propias fuerzas de seguridad coloca a su administración frente a un desafío diferente: preservar la cohesión de unas Fuerzas Armadas que constituyen la principal base de poder del régimen.

Uno de los elementos que más preocupa es la procedencia de algunos de los soldados involucrados. Reuters señala que el motín incluye militares procedentes de regiones del suroeste de Níger donde las fuerzas gubernamentales han sufrido fuertes pérdidas durante sus enfrentamientos contra organizaciones vinculadas al Estado Islámico. Esto introduce una dimensión adicional al conflicto porque las tensiones podrían estar relacionadas con el desgaste acumulado dentro de determinadas unidades militares. Si el descontento consigue extenderse hacia otros sectores de las Fuerzas Armadas, el problema podría dejar de ser una confrontación limitada a Niamey y convertirse en una crisis política de mayor alcance.

La inestabilidad también puede tener consecuencias importantes fuera de las fronteras nigerinas. Desde el golpe de 2023, Níger ha reducido considerablemente su cooperación militar con antiguos aliados occidentales y ha profundizado sus relaciones con Rusia. Paralelamente, se integró junto a Mali y Burkina Faso en la Alianza de Estados del Sahel, bloque creado por tres gobiernos militares que enfrentan amenazas similares de organizaciones yihadistas. Níger también ha mantenido tensiones con Francia por cuestiones políticas, militares y económicas, incluyendo disputas relacionadas con su estratégica industria del uranio. Una fractura dentro de sus Fuerzas Armadas añadiría todavía más incertidumbre a una región que ya acumula años de golpes de Estado, insurgencias y cambios de alianzas internacionales.

La gran interrogante ahora es si el gobierno de Tiani conseguirá sofocar completamente el levantamiento o si los soldados amotinados lograrán mantener posiciones y sumar nuevos apoyos. La recuperación del área presidencial por las fuerzas leales representa un punto favorable para el gobierno, pero mientras instalaciones estratégicas continúen disputadas y no exista una declaración definitiva sobre el control de la capital, la situación seguirá siendo extremadamente delicada. Además, cada unidad militar utilizada para resolver esta crisis interna es una fuerza que deja temporalmente de combatir a las organizaciones extremistas que operan en otras partes del país. Por eso, lo ocurrido en Niamey no constituye solamente una nueva disputa por el poder: puede afectar directamente la estabilidad de Níger y alterar nuevamente el frágil equilibrio político y de seguridad de todo el Sahel.

Saúl Moya

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