Rusia lanza una de sus mayores ofensivas aéreas recientes contra Ucrania y golpea infraestructura energética y logística

Rusia lanzó durante la madrugada del jueves 27 de agosto una extensa ofensiva aérea contra Ucrania utilizando misiles y centenares de vehículos aéreos no tripulados. Kiev y otras regiones del país permanecieron durante horas bajo alertas mientras las defensas ucranianas intentaban interceptar los proyectiles. Los ataques alcanzaron instalaciones industriales, depósitos comerciales, infraestructura energética, puertos y centros logísticos. Reuters describió la operación como un ataque de gran escala, mientras Associated Press informó de daños tanto en infraestructura estratégica como en edificios civiles.

La Fuerza Aérea ucraniana movilizó sus sistemas de defensa antiaérea, incluyendo baterías Patriot suministradas por Estados Unidos. Kiev afirmó haber logrado derribar varios misiles balísticos, además de numerosos drones, pero parte de las armas consiguió atravesar las defensas. En Járkov se reportó al menos una persona fallecida y varios heridos. En las proximidades de Kiev también quedaron destruidos o afectados almacenes y centros de distribución pertenecientes a empresas comerciales, lo que demuestra que la ofensiva tuvo consecuencias económicas además de militares.

Los ataques también causaron interrupciones en el transporte ferroviario y provocaron daños en áreas relacionadas con la generación o distribución de energía. Este último elemento preocupa especialmente a Ucrania debido a la proximidad de los meses fríos. Durante fases anteriores de la guerra, Rusia ha atacado repetidamente centrales eléctricas, transformadores y otras instalaciones energéticas con el objetivo de reducir la capacidad del país para mantener electricidad y calefacción durante el invierno. El gobierno ucraniano sostiene que esta estrategia afecta directamente a millones de civiles y busca aumentar la presión social sobre las autoridades de Kiev.

La ofensiva tuvo además repercusiones fuera del territorio ucraniano. Varias aeronaves no tripuladas rusas penetraron en el espacio aéreo de Moldavia durante los ataques, según autoridades moldavas. La incursión generó una nueva condena de Chisináu y volvió a mostrar el riesgo de que la guerra produzca incidentes en países vecinos. Moldavia no forma parte de la OTAN, pero mantiene estrechos vínculos con la Unión Europea y ha denunciado en diferentes ocasiones sobrevuelos o restos de drones relacionados con los ataques rusos contra Ucrania.

Ucrania, por su parte, continuó realizando ataques de largo alcance dentro de territorio ruso mediante drones. Instalaciones industriales y energéticas rusas han sido objetivo recurrente de estas operaciones. Kiev sostiene que intenta golpear infraestructura utilizada para financiar o apoyar el esfuerzo militar ruso, mientras Moscú denuncia esas operaciones como ataques contra territorio civil. La capacidad de ambos países para lanzar centenares de drones ha transformado progresivamente el conflicto, haciendo que centros industriales y energéticos situados a centenares de kilómetros del frente estén cada vez más expuestos.

El nuevo ataque ocurre en un momento de preocupación por la cantidad disponible de interceptores Patriot y otros sistemas occidentales de defensa aérea. Associated Press informó esta semana de presiones sobre los inventarios estadounidenses en Europa, debido en parte a la demanda simultánea provocada por distintas crisis internacionales. Para Ucrania, que necesita interceptores de alto rendimiento para destruir misiles balísticos, cualquier limitación en esos suministros puede tener consecuencias directas sobre la protección de sus ciudades. La ofensiva del 27 de agosto demuestra que la guerra aérea continúa siendo uno de los componentes más intensos y peligrosos del conflicto ruso-ucraniano.

Saúl Moya

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