
Al menos 59 mujeres han sido víctimas de feminicidio durante 2026 en República Dominicana, según datos divulgados por la procuradora general Yeni Berenice Reynoso. Detrás de esas muertes existe además otra cifra particularmente dramática: aproximadamente 77 niños, niñas y adolescentes han quedado sin sus madres.
La mayoría de las víctimas murió presuntamente a manos de hombres con quienes mantenían o habían mantenido relaciones sentimentales. De los 59 casos registrados, en 36 el presunto agresor era la pareja actual y otros 18 habrían sido cometidos por exparejas.
En 15 de los 59 feminicidios, el supuesto agresor terminó además quitándose la vida, aproximadamente una cuarta parte de los casos. Esto significa que algunos niños no solamente perdieron a su madre, sino que quedaron simultáneamente sin ambos progenitores como consecuencia de un mismo episodio de violencia.
Otro dato preocupante es que cerca del 89 % de las mujeres asesinadas no había presentado previamente una denuncia formal por violencia. Esa realidad complica la intervención preventiva, ya que numerosos episodios graves se desarrollan dentro de hogares y relaciones sin que las instituciones hayan recibido anteriormente una alerta.
De las 59 víctimas contabilizadas, 56 eran dominicanas y tres extranjeras. Aunque cada caso posee circunstancias diferentes, las estadísticas muestran que la violencia de pareja y expareja continúa representando el núcleo principal de los feminicidios registrados durante este año.
La situación de los menores que sobreviven queda muchas veces fuera de las cifras principales. No existe un registro específico completo de todos los niños afectados indirectamente y especialistas advierten que algunos pueden quedar sin atención psicológica profesional suficiente pese al trauma provocado por la muerte violenta de su madre.
Los 77 huérfanos estimados transforman el feminicidio en una tragedia que se extiende mucho más allá de la víctima directa. Las consecuencias pueden prolongarse durante años sobre la salud mental, educación, estabilidad económica y estructura familiar de niños que pierden de manera violenta a una de las figuras centrales de sus vidas.